Carlos Raby: Los sueños se hacen realidad

La tradición familiar y el amor infinito por los caballos son los ideales de este futuro preparador que debutó a lo grande adjudicándose el clásico Carlos Álvarez Condarco el pasado Derby Day.

El pasado domingo 6 de febrero será una fecha inolvidable para Carlos Raby Vargas. El joven entrenador de caballos obtuvo -de manera no oficial ya que aún no es preparador- el clásico Carlos Álvarez Condarco, prueba reservada para ejemplares de dos años junto al ejemplar "Irish Boy".


Por lo mismo, Indice 1 decidió conversar con él para conocer un poco más sobre su vida, historia familiar y su esfuerzo como preparador anónimo -hasta el momento- en el Valparaíso Sporting.


Nos reunimos con Carlos en la terraza de propietarios del Valparaíso Sporting, recinto donde la historia de su familia se cimentó y el mismo lugar que lo vio crecer y que actualmente le está entregando sus primeros frutos. Un trabajo que ha sido anónimo, pero que muy pronto dejará de ser así…


Carlos, tu apellido es extremadamente conocido en el mundo hípico. Cuéntanos sobre tu vínculo con los Raby y su importancia en esta actividad.


“Tenemos harta historia como familia. Yo no hice mucho por eso, pero gracias a Dios que a mis antepasados les gustaron los caballos de carrera, por lo que he estado ligado a esto toda la vida desde que tengo razón de ser. Mi papá, siempre estuvo muy ligado a la actividad como criador y propietario de toda la vida; desde que tengo conciencia veo caballos en la casa. Se habla de ellos todo el día, le doy gracias a Dios que mi familia se involucró en esto y yo pude seguir ahora como una profesión y un trabajo de día a día”.


¿Cuál es tu relación con Carlos y Víctor Raby?


“Son mi abuelo y mi tío abuelo. Ellos vinieron de Inglaterra; Carlos trabajaba en Viña, se crio acá y viajaba a Melipilla. Luego, viajó a New Market a estudiar, lugar que es la cuna del caballo de carrera y llegaron a Chile con la intención de fomentar un poco la hípica en la ciudad. Mi abuelo trajo los primeros reproductores desde Inglaterra en barco a Chile. Los recibía en El Salto y mi tío abuelo los criaba en el Haras Santa Isabel.”


¿Recuerdas algún caballo que te haya marcado?


“Sí, varios. Me acuerdo de una yegua que se llamaba “Jugadora”. Nosotros íbamos al Haras y mi papá la llamaba en el potrero y ella se acercaba. Fue la yegua madre de mi padre que nos dio buenos reproductores. “Jugadora” fue la primera yegua que me marcó un poco en la hípica”.


¿Es un peso o una responsabilidad muy grande llevar el apellido Raby?


“Si, para mí es un peso. No sé cómo devolverle la mano a mis antepasados, pero creo que en la familia nunca ha existido un preparador o alguien que haya vivido de la hípica. Es un hobby para ellos y siempre han tenido la intención de generar o hacer una actividad más grande, en el sentido de traer caballos de Inglaterra y fomentar la hípica para que los ingleses se entretuvieran. Así empezó la familia Raby: mi papá como criador y propietario, mi abuelo también y mi tío Víctor Raby que fue el preparador de Oakland, un caballo que fue un fenómeno en su época. A él lo tengo como referente para ser preparador de caballos de carreras”.


¿Quieres seguir cimentando el legado de tus antepasados?


“Totalmente. La idea es ser un buen preparador y una persona honesta, clara y que represente bien mi apellido. Hay que dejar bien en claro que somos una familia que es ligada y amante de los caballos; queremos esto y la idea es dejar bien representado mi apellido”.


Carlos Raby Wodehouse fue un destacado y respetado comisario del Sporting en los años 50s ¿Qué decisión crees que hubiera tomado en el pasado Derby 2022?


“Difícil, antes la gente era un poco más categórica y era más de una línea. Lamentablemente no había la tecnología que hay hoy en día; no estaban las cámaras ni las fotos. Mi abuelo se paraba a donde llegaban los caballos y desde ese lugar veía las carreras entonces, difícil, pero a lo mejor hubiese sido más drástica la sanción para todos los jinetes de la carrera.”


¿Qué opinas de la hípica actual?


“Yo soy de una generación bien nueva y me preocupa harto eso, porque veo poca juventud en la hípica. Cuando era chico y llegué a la actividad, jugábamos todos allá abajo (en el jardín del paddock). Éramos varios niños que venían todas las jornadas de carrera y que hoy en día son jinetes, como Francisco Bernal, el hijo de Osvaldo Urbina, los hijos de muchos preparadores, todos relacionados a la hípica. Recuerdo que jugábamos y hacíamos carreras hasta que nos echará el guardia. También íbamos a cortar palitos y hacíamos carreras de palitos en las acequias y todo relacionado con los caballos. Actualmente no veo tanto eso, hay mucha gente joven ligada al juego, algo que no es malo, ya que al final las apuestas sustentan a los hipódromos y así nosotros podemos seguir adelante con esto, pero creo que es el lado más turbio de la hípica. A mi parecer, no veo gente joven. No hay mucho entusiasmo en las mañanas, no veo gente de mi edad; yo tengo 29 años, pero no veo ese ímpetu que veía antes en la juventud por los caballo de carrera en sí”.


Dejando huellas


Carlos dejó en claro que buscará dejar su marca personal en la hípica nacional, tal como lo hicieron sus antepasados. El legado de los Raby busca mantenerse vivo de la mano de este nuevo preparador de finasangres de carrera.


¿Cómo nació tu amor por la hípica?


“Creo que venía un poco en la sangre, porque siempre me gustaron los caballos de carrera. La primera imagen que tengo de un ejemplar fue un día que estaba en la cocina y vi la foto de un caballo que se llamaba “Hornito”. Fue amor a primera vista. Era un finasangre de mi papá que había ganado en el Hipódromo Chile, creo que él llegó con la foto y la dejó encima. Yo de intruso la vi y fue un recuerdo que me dejó marcado. Con mi papá íbamos a ver a las yeguas en el campo, siendo la parte más romántica de la hípica. Así que creo que esto venía un poco conmigo y desde el día uno que yo quería relacionarme con los caballos de carrera y vivir de esto”.


¿Recuerdas algunas personas que te mostraron su apoyo desde el primer día que decidiste dedicarte completamente a esto?


“Mucha gente. Cuando uno parte en esto tiene que pedir muchos favores, gracias a Dios tuve la oportunidad de tener harta ayuda en la hípica. A los 16 o 17 años tomé la decisión de ser preparador de caballos, ahí fue cuando empecé a involucrarme en esto, tengo historias bien bonitas.


Ximeno Urenda


“La primera persona que me acogió en su corral fue Ximeno Urenda. Junto a él tenemos una relación bien cercana, porque su abuelo fue comisario con el mío. Además, mi papá y el suyo también son muy amigos, y ahora somos como la tercera generación de hípicos que seguimos acá, que no se ha perdido, él me ayudó mucho”.


Es tanta la amistad con Urenda que Carlos nos confidenció un gran secreto personal: “Yo ayudé a Ximeno sin ningún tipo de compromiso”. Además, declaró que lo recibió en el Stud “Los Leones”. “Yo converso con ellos y me dan la oportunidad de estar en Viña con un contrato. Estuve casi un año trabajando con ellos”.


Otra de las grandes amistades que recuerda en el mundo del turf local es Humberto Vera. “Él fue preparador de mi papá por mucho tiempo, un caballero que hoy está jubilado y es muy buena persona. Me dio la oportunidad y me pasó su corral sus instalaciones”.


En esa misma línea, Carlos también destacó de otro destacado nombre en la hípica nacional: Alfredo Bagú.


“Él me ayudó mucho. Yo no lo conocía, sabía la figura que era él, lo importante que era en la hípica. Un día mientras caminaba por el Sporting él me paró y dijo: “Oye ¿tú te llamas Carlos Raby? “Sí, soy yo mucho gusto”, le respondí. “Yo te quiero ayudar porque te he visto entusiasta, he visto que eres muy observador. Anda mañana a mi corral y conversamos”.


“Ahí fue cuando Alfredo Bagú ya se estaba retirando del Sporting. Me dejó a cargo de su corral sin conocerme mucho. Yo en ese entonces estaba en primer año de universidad; estaba estudiando ingeniería comercial, solo porque mi papá me dijo que siempre tenía que tener una cartita bajo la manga. Yo estudiaba en el día como cualquier universitario y cuando se me da esta oportunidad de trabajar con él, me pongo a estudiar de noche para trabajar en la mañana”.


Tras un tiempo, Raby reveló que llegó Guillermo Aguirre y le dio una de las mejores posibilidades de su vida: irse a Pirque.


“Yo estaba con tres caballos y decidí irme a Pirque. Guillermo Aguirre es una persona que me ha dado todo su apoyo hasta el día de hoy. Fue como un padre para mí allá. Yo tomé mi maleta y me fui con mi señora y mi hijo de 6 meses al centro de entrenamiento del Haras Don Alberto, que también le agradezco mucho. Estuve dos años y fueron increíbles. Me llenó de conocimiento sobre la hípica de alta competencia, porque yo estaba acostumbrado a estar aquí en provincia, con una hípica un poco más chica y llegó allá donde tenía a cinco ganadores de grupo uno; 180 caballos, los mejores de Chile. Estaba en el Haras más grande del país, con el mejor preparador en ese tiempo. Tenían a “Ya primo”, “Lluvia de plata”, “Tamburo di oro” y “Nombar”; me llené de experiencia con caballos buenos. Entonces, yo era como una esponja que me estaba llenando de conocimiento y lo aproveché al máximo".

¿Sufriste o la pasaste mal?


“Sufrí harto, era primera vez que estaba lejos de mi familia con un niñito chico de 6 meses, quiero agradecer también a mi señora, a mi familia, porque ellos estaban todo el día en la casa y yo trabajaba lejos de todo, pero me sirvió para darme cuenta que esto no era fácil. Me sirvió para darme cuenta del manejo y el trato de los caballos en su plenitud. Estuve con el preparador más profesional que he conocido en mi vida y se lo agradezco en el alma por todo, fue un padre en la hípica en esos dos años que estuve en Pirque”.


Carlos recalcó la importancia de la Familia Aguirre, ya que le ofrecieron otro gran trabajo en el mundo de la hípica.


“Empecé un proyecto con don Guillermo Aguirre Bustamante en el Haras “Curiche”. Es una de las personas más increíbles que conocí en mi vida. Le agradezco mucho porque ha sido un gran apoyo para mí en esta última etapa. Él me mandó a los caballos y ese fue el primer empujón que tuve para poder independizarme, todo esto mientras yo estaba buscando un espacio en la hípica porque no podía sacar mi patente de preparador porque el Consejo Superior de la Hípica te solicita tres años como propietario con colores. Yo saqué el 2019 mis colores y ahora recién el 12 de febrero de este año cumplí los 3 años. Estoy feliz porque por fin se cumplió el periodo tan esperado, pero durante todo ese tiempo uno tiene que pasar por todas estas cosas. Empecé a preparar mis caballos y estoy donde estoy, logré formar un equipo, tener un corral, era todo difícil de principio. Todos decían ‘no se puede porque no hay corrales, no hay pesebreras, no hay gente no hay nada’, pero yo dije debe ser lo mismo para ir a vender helados o para vender churro, para lo que sea, al final para todos es difícil. Yo voy a luchar en lo mío y gracias a Dios se me dio todo, me pudieron dar un corral con nueve pesebreras, que era chiquitito. Tengo una gran persona también a mi lado, que es Luis Valdivia, un amigazo mío que me prestó más pesebreras para recibir más caballos , entonces al final es larga la lista de gente que tengo que agradecerle pero todos ellos han sido muy importantes en este inicio de mi carrera”.


Cuéntanos un poco más sobre el proyecto o la idea que piensas implementar en la hípica nacional


“Bueno, lo principal es que ya partí, ya me inicié. Pasé toda esa primera etapa que es bien difícil, lo primero es formar un equipo qué es difícil porque dependiendo de la manera en que uno quiera trabajar también hay que buscar a la gente indicada, menos mal la encontré. Hoy en día mi idea es crecer en Viña del Mar, hacerlo lo mejor posible y en un futuro irme a Santiago. Estoy dispuesto a hacer lo que sea para ser un gran preparador. Tengo todas las ganas de surgir, de ser un buen preparador, para eso yo sé que hay que trabajar mucho, hay que esforzarse. Es un trabajo de día a día, de esfuerzo, de dejar muchas cosas de lado como la familia, uno vive y se desvive por estos animalitos, así que, con calma, con paciencia ir aprendiendo todos los días.”


Junto con eso, Carlos reveló qué es lo más importante en está actividad. “Hay que tener una meta clara y fija. Para mí es ser un preparador de primer nivel y ojalá estar entre los mejores lo más pronto posible. Esa es la idea, para eso tengo que tener gran apoyo de propietarios, de la gente del corral, de todos. Al final yo no puedo echarme solo todo el peso de la mochila, así que iré paso a paso y veré cómo se van dando las cosas. La idea es sacar mi patente que está casi lista, tengo que entregar mis papeles y dar la prueba. Luego, cumplir mis 60 carreras acá en Viña y ahí vamos viendo qué pasa, pero no descartó salir del Sporting. El sueño sería tener mi propio corral acá, que mi papá lo viera y este a cargo de uno y yo pueda irme a Santiago. También Ximeno es un gran propulsor de tener grandes caballos en Viña últimamente, así que ahora se ha equilibrado un poquito la balanza y varios otros preparadores que han tenido caballos de gran nivel viñamarinos, que antes no se daba mucho, tanto así que hemos representado el latinoamericano en las últimas tres ediciones y ahora que nominaron al caballo “Tatan Forever” así que esa es la idea, siempre pensando en una hacer una carrera lo mejor posible y ser un gran preparador a futuro y ganar hartos grupos 1”.-


Revisa el próximo miércoles la segunda parte de está entrevista, donde hablaremos de toda la historia relacionada al ganador del Carlos Álvarez Condarco 2022: Irish Boy.


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