La leyenda de Wolf

El Macho Mulato deslumbró por las pistas de los tres grandes recintos hípicos que tiene el país, donde se alzó como el rey de la generación del ’90, con una historia bien particular.



Oír el nombre de Wolf en cualquier hipódromo nacional es igual a recordar a uno de los mejores fina sangres que ha tenido la hípica chilena en toda su historia. Obviamente la decisión no es unánime, ya que nombres como Il Campione , Memo, Eugenia o Early Grey saltan al debate que tiene cada apostador o amante de esta hermosa actividad.

Pero la historia de este finasangre es digna de una película de Disney (Sí, como Secretariat). Este hermoso Macho Mulato nació el 19 de agosto de 1987, y fue adquirido en un remate del Haras Santa Amelia en 1989 por el preparador Hernán Miranda. Sin embargo, al corto tiempo el ejemplar fue devuelto a su criador, después que el comprador encontrará inconvenientes físicos en el potrillo. Luego de este agrio inicio, trasladaron al caballo a las manos del joven preparador José Tomás Allende, quien venía dando sus primeros pasos en la hípica nacional y que el destino les tenía preparado a ambos un gran futuro en la historia de la hípica nacional.


Wolf debutó en las pistas del Club Hípico de Santiago en abril de 1990, bajo la distancia de 1.300 metros. Su primera vez fue con un triunfo claro y pasando por encima de todos sus rivales.




Al pasar unos meses ya era considerado un “espectáculo” verlo correr. Su elevación de candidato a ganar todo fue cuando obtuvo el Clásico Raimundo Valdés, sacando 9 cuerpos de ventaja sobre su más cercano perseguidor, Maori.

Pero el mulato de más de 500 kilos siguió sorprendiendo a todos, ya que bajo un "barrial" logró llevarse el Alberto Vial Infante, donde terminó de convencer a los pocos detractores que tenía, elevándose como el mejor macho del Club Hípico de Santiago.



Camino final a la gloria


Y tras tres meses de espera, Wolf reapareció en septiembre para probar por primera vez una distancia larga (2.000 metros), llevándose el Clásico Nacional Ricardo Lyon (G1) como favorito.

El ejemplar siempre bajo el látigo de Luis Muñoz, vino quinto en los primeros metros de la carrera, para desmarcarse en los últimos 400 metros y arrasar con total autoridad sobre todos sus competidores una vez más. Otra vez sacó nueve cuerpos de ventaja y dejó en claro que el “mulato” no tenía rivales en la pista de Blanco Encalada.

Tras esta victoria todo el mundo hípico veía en el caballo un gran campeón, la que sería puesta a prueba en la Triple Corona Nacional, empezando justamente en su casa, en el Club Hípico de Santiago, bajo los exigentes 2.400 metros.

Solo 10 ejemplares intentaron desafiar a Wolf en El Ensayo (G1), y nuevamente no fueron rivales para él. El recinto, que se encontraba lleno hasta las banderas, fue testigo de la primera gran epopeya del "regalón" del Santa Amelia.

Y se repitió la tónica de siempre, Mayfeir liderando, seguidos de Vadero junto a Tokio en los primeros lugares, para encontrar en el quinto lugar a Wolf, esperando hasta la última curva, donde arremetió y paso con todo al primer lugar en los 400 metros finales dejando sin opción a sus perseguidores que veían como quedaban relegados por un caballo que rompió el récord de la distancia en esa carrera que ostentaba hasta esa fecha el ejemplar Monroe. Wolf metía miedo y tenía con qué hacerlo.



"La carrera del siglo"


Ningún ejemplar se había adjudicado las tres etapas de la Triple Corona Nacional desde que el St. Leger fue traspasado desde el Valparaíso Sporting al Hipódromo Chile. La segunda etapa históricamente termina por derrumbar el sueño de todos los caballos traídos desde el otro lado del Río Mapocho y desde el recinto de Avenida Los Castaños.

Increíblemente Wolf no era el favorito del St.Leger. Un debutante y principiante en la arena de “La Palma” tenía que desafiar al gran Memo, campeón en el recinto de Independencia y que venía con la chapa de acabar con el sueño del Haras Santa Amelia.


La carrera


La prueba se desarrolló con Memo en el primer lugar, segundo Lapidus y tercero Wolf a tres cuerpos, teniendo esas posiciones hasta los 1000 metros, en donde los dos llamados a dar el espectáculo empezaron a distanciarse a más de 15 cuerpos del resto de los competidores declarando una batalla personal entre ambos. La entrada a tierra derecha era una batalla cabeza a cabeza, bajo el imponente relato de Fernando Poblete, quien tenía a todo el país paralizado ante la batalla de estos dos ejemplares que duró hasta los 150 metros finales, donde el mulato hace su mítico "giro de cola" y le saca cuerpo y medio al por ese entonces campeón del Hipódromo Chile, dejándolo en segundo lugar y dejando en shock al público ante tal maravillosa carrera.


“Es la carrera más linda que he visto en mi vida” declaró emocionado a los medios el preparador José Tomás Allende.


“En una revancha, lo vuelvo a ganar, es un caballo extraordinario” fue la sólida impresión de Luis Muñoz, el mejor amigo del mulato.

Hasta de los derrotados hubo palabras de elogio para el hijo de Luna Fría, -Nos ganó un caballo espectacular, cuando se pierde así no me puedo sentir defraudado, felicitaciones a sus responsables”, señaló Guillermo Aguirre.



"El campeón del pueblo"


Tras darse un "paseo" en el clásico "Coronación" en el CHS, nuestro campeón llegaría a Viña del Mar para marcar un hito en nuestra historia de la hípica nacional. Tras 25 años de espera, llegó un nuevo finasangre a ocupar la corona que dejó Prólogo. El Valparaíso Sporting y toda su gente fue testigo del último triunfo del ejemplar en Chile, sacándole 5 cuerpos y medio a Memo, en un tiempo de 2.25.1 para los 2400 metros del “Máximo Desafío”.


Wolf mantiene el invicto de ser el único ejemplar en ganar las tres etapas de la Triple Corona Nacional en los tres recintos más importantes de nuestro país:


El Ensayo - Club Hípico de Santiago.

St. Leger - Hipódromo Chile.

El Derby - Valparaíso Sporting.


El finasangre ganó las ocho carreras que corrió en toda su campaña; acumulando premios por $74.300.000 millones en 1991, lo que hoy equivaldría a $305.086.742.

Tras acabar su campaña en nuestro país, el mulato fue exportado a los Estados Unidos, donde no logró brillar como lo hizo en Chile. En 1996 partió a Turquía para tomar la labor de reproductor, trabajo que realizó hasta el 2002, fecha en que partió de este mundo a correr junto a su compañero y archirrival Memo, en la arena o césped de los sueños, en una carrera en compañía a los que no están y disfrutaron privilegiadamente en los años ’90 ver en las pistas nacionales a dos caballos que marcaron la historia de la hípica nacional.


“El campeón del pueblo”, el que fue devuelto porque tenía problemas en una de sus patas, ya no vive entre nosotros, pero aún respira, pues la hazaña y el cariño que se ganó del mundo del turf lo harán estar vigente por siempre. Su récord y su desplante en la pista lo transformaron en una leyenda.


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